De cuento en cuento

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En una madrugada, Valeria, de un año de edad, se levantó con vómito y fiebre muy alta. Datty, su madre, pensó que se trataba de indigestión, pero después de ver manchas en la piel e hinchazón en las extremidades corrió al médico, quien más tarde diagnosticaría que la niña sufría el virus del chikunguña.
Un avión de la compañía Alaska Airlines tuvo que aterrizar de emergencia ayer porque un operario del aeropuerto de Seattle (noroeste de EEUU) se quedó dormido en una de las bodegas antes del despegue. La aerolínea explicó en un comunicado colgado en su sitio de Internet que, "inmediatamente después del despegue, el piloto del vuelo 448 de Alaska Airlines escuchó golpes que venían de la parte baja de la nave".
Erase una vez un cedro muy orgulloso de su hermosura, plantado en mitad del jardín, superaba en altura a todos los demás árboles. Tan bellamente dispuestas estaban sus ramas, que parecía un gigantesco candelabro. Si con lo hermoso que soy diera además fruto, se dijo, ningún árbol del mundo podría compararse conmigo. Por fin, en lo alto de su erguida copa, apunto un bellísimo fruto. Tendré que alimentarlo bien para que crezca mucho, se dijo. Tanto y tanto creció aquel fruto, que se hizo demasiado grande. La copa del cedro, no pudiendo sostenerlo, se fue doblando; y cuando el fruto maduró, la copa, que era el orgullo y la gloria del árbol, empezó a tambalearse hasta que se tronchó pesadamente.
Había una vez un pobre leñador que regresaba a su casa después de una jornada de duro trabajo. Al cruzar un puentecillo sobre el río, se le cayó el hacha al agua. Entonces empezó a lamentarse tristemente: ¿Como me ganaré el sustento ahora que no tengo hacha? Al instante ¡oh, maravilla! Una bella ninfa aparecía sobre las aguas y dijo al leñador: Espera, buen hombre: traeré tu hacha. Se hundió en la corriente y poco después reaparecía con un hacha de oro entre las manos. El leñador dijo que aquella no era la suya. Por segunda vez se sumergió la ninfa, para reaparecer después con otra hacha de plata. Tampoco es la mía dijo el afligido leñador. Por tercera vez la ninfa busco bajo el agua. Al reaparecer llevaba un hacha de hierro. ¡Oh gracias, gracias! ¡Esa es la mía! Pero, por tu honradez, yo te regalo las otras dos. Has preferido la pobreza a la mentira y te mereces un premio.

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